De Jeep de la Patria a tremenda camioneta

La paciencia y la humildad de Freddy Rosales le alcanzó para obtener un premio

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El Jeep de la Patria ganó muchas batallas electorales.

Su avanzado estado de precariedad y desperfecto no le impidió cumplir con su objetivo de contribuir con la Revolución.

A veces se accidentaba en plena faena, por cauchos, por batería, por el radiador o, sencillamente, porque la latonería no podía sostenerse en el sitio donde originalmente fue colocada.

Pero el Jeep de la Patria no se rendía. Su dueño, Freddy Rosales, tampoco.
No fueron pocas las veces que Freddy llegó tarde con sus hijos a la escuela, porque el jeep andaba accidentado.

Pero siempre tenía una excusa para hacer quedar bien a sus hijos y a su destartalado medio de transporte y siempre le agradeció a Dios y a la vida porque con el jeep, en esas condiciones, podía cumplirle a la Patria y la Patria es todo para un revolucionario.

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La moringa le cambió todo

El hijo de Freddy, Freddy junior, que no es menos revolucionario que su padre, se encargó de cambiarle la vida a su familia.

Sembró en su casa las semillas de moringa que le regalaron en la escuela y cuando la planta creció le dijo a su padre que había llegado la hora de regalarle la matica a Diosdado Cabello. Lo había visto por televisión ofreciéndole moringa a los opositores para que calmaran los nervios y sintió Freddy junior que a más moringa, más alivio para los adversarios de la Revolución Bolivariana.

Hizo que su padre le ayudara a cumplir su cometido. Se acercó a Diosdado Cabello y le entregó la moringa.

El presidente de la Asamblea le regaló un abrazo de agradecimiento.

Yelitza Santaella, que había auxiliado a Freddy con un repuesto, con un caucho y hasta con una grúa, le dijo a Diosdado que el niño era el hijo del dueño del Jeep de la Patria.

Diosdado se acercó hasta el gran batallador de las jornadas electorales. “Hay que cambiarle ese carro”, le dijo a Freddy.

Rosales, que es dueño, entre otras cosas, de una humildad extraordinaria, le dijo al candidato del voto lista: “Yo me conformo con que me ayude a arreglarlo para que siga cumpliendo la misión de trabajar por la Patria”. En eso quedaron.

Dias más tarde, Freddy Rosales no supo qué decir. Lo llamaron de parte de Diosdado Cabello y le regalaron una camioneta para que le diera descanso al Jeep de la Patria. “No lo podía creer”, dice. Tampoco su esposa lo creyó cuando se lo dijeron y no tuvo otro remedio que estallar en un largo llanto de alegría. La paciencia tuvo un premio.