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El 4 de febrero, se están cumpliendo 25 años de la rebelión militar encabezada por el comandante Hugo Chávez Frías, para derrocar a uno de los gobiernos más corrupto y sanguinario que ha tenido Venezuela en estos últimos 50  años. Algunos de sus protagonistas se han quedado en el camino o se han apartado del proyecto revolucionario, bien por ansias de poder, ambiciones personales y grupales o por disputa de liderazgos. Este movimiento se inspiró en las ideas bolivarianas y el árbol de las tres raíces: Bolívar, Zamora y Simón Rodríguez (es su fundamento ideológico). En un principio se llamó Bolívar 200, luego para poder participar en el proceso electoral, se le cambió el nombre por el de Movimiento V República.

La derrota militar de este movimiento, se transformó posteriormente en un triunfo político, que se evidenció por los logros obtenidos: llegada de Chávez al poder, elaboración de una nueva constitución, relegitimación de los poderes públicos, instauración de una verdadera democracia, ordenamiento y reorientación de la economía, etc.

La revolución bolivariana fue un movimiento honesto que procuraba adecentar el país,  luchar contra la corrupción, repartir con justicia la renta, no reprimir, ampliar la democracia burguesa hasta sus límites.

Al principio fue una corriente aluvional donde convergieron gentes de diferentes partidos, con diferentes ideologías y credos religiosos. La amistad privaba más que la afinidad ideológica, un tanto imprecisa.

Esta revolución sucede en una situación difícil: los revolucionarios estaban diezmados; en esas condiciones no había cuadros políticos, no se tenía clara la teoría, no existía organización.

En medio de ese desierto y aquellas dificultades surge la revolución bolivariana, guiada por la honestidad, el altruismo, el amor, etc. Y aquí hay una gran enseñanza revolucionaria: en una revolución antes que la teoría están los sentimientos, es verdad que sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria, pero también es verdad que sin sentimiento revolucionario la teoría es improductiva.

El sentimiento, las ganas de hacer, de cumplir, la movió en sus primeros tiempos a un avance desordenado, y en ese avanzar comenzó el choque con los defensores del pasado.

Se empezaron a cumplir las promesas, el gobierno sólo entregaba cuenta a los humildes, a los pobres, se dialogaba con el pueblo en grandes asambleas. Eso fue suficiente para que la oligarquía enfilara sus baterías contra “la insubordinación”, vino el combate, y en la batalla la revolución empezó a caminar y aprender las lecciones que nos dejara nuestro libertador Simón Bolívar: El imperio está destinado por la providencias para llenarnos de oprobio; entonces se hizo antiimperialista y profundizó su bolivarianismo. En este ir y venir de ideas se topó con el socialismo y lo sintió como suyo, la esperanza de los pueblos, de los humildes, de los desposeídos.

Así comenzamos a trajinar por los caminos hacia el socialismo, cuando sus líneas se empezaron a ver con nitidez en el horizonte y nos enseñaron a diferenciar quiénes son nuestros aliados y quiénes nuestros enemigos.

Hemos llegado hasta aquí guiados por el comandante Chávez, líder indiscutible de esta revolución. Necesitamos que continúe hasta ver culminada la tarea de la liberación nacional y lograr el socialismo que es la única salida para la crisis actual que azota a la humanidad.