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Toda revolución se desarrolla en varias dimensiones, el tiempo y el espacio parecerían las fundamentales, el territorio y los hitos históricos del cambio revolucionario. No ocurren los cambios en un momento y para una generación de personas; por ello, creo que, para el análisis, el método dialéctico facilita el escudriñar la historia: tesis y antítesis del proceso.

Dejar de analizar un hecho ocurrido en un tiempo, en un lugar, por unas personas, podría inducirnos a error. Establecimiento de valores y principios que sirven en el proceso revolucionario como base para la nueva estructura. Por razones prácticas tomaré algunos hechos relevantes: la colonia, un hito prolongado en el tiempo que estableció y fortaleció la estructura hegemónica eurocentrista; la independencia y la formulación de los valores patrios a través de la doctrina política bolivariana y patriota; la lucha de clases planteada en el pensamiento de Ezequiel Zamora “tierras y hombres libres, horror a la oligarquía” y Pensamiento Bolivariano y Zamorano de Hugo Chávez y la rebelión del 4 de febrero de 1992.

Aún no se ha logrado el objetivo definitorio de la estructura económica agraria. El agrarismo venezolano escruta el porvenir con cierta incertidumbre, a pesar de que Hugo Chávez dejó establecida la doctrina política agraria desde las proclamas electorales, la formulación constituyentista, la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario y las políticas gubernamentales desarrolladas en su gobierno.

Algunos voceros de la oligarquía atacan la doctrina agrarista de Ezequiel Zamora y de Chávez con la manida y desgastada táctica de la descalificación y se olvidan de que las revoluciones populares no avisan, estallan repentinamente cuando el proceso de madurez del pueblo llega a su punto crítico.

La historia no está formada por hechos aislados sin concatenación, sino que va desarrollándose dentro de una lógica sucesión de hitos relevantes. Aún estamos en el hito independentista, aquel que retomó Zamora y que no murió a pesar del balazo; el que revivió Hugo Chávez y no pierde vigencia porque alguien crea a estas alturas que Zamora no era más que un bandolero.

Recuerdo haber leído en un libro de Erich Fromm, El arte de amar, esta frase: “Quien crea que todas las frutillas maduraron a la vez, no sabe nada de frutillas”.